Prensa
& Criticas
"Praegnant-perfekte Klassik"
...Ein
erster Hoehepunkt war das Konzert fuer Violoncello und Orchester
G-Dur von Luigi Boccherini mit der Solistin Katharina Paslawski.
In diesem liebenswuerdigen Werk sucht eine junge Kuenstlerin
nach dem Elan vital, dem natuerlichen Fluss, dem gehaltvollen
Pathos (2.Satz) und Charme dieser Musik. den Bogen fuehrt
sie mit einer Ebenmaessigkeit und Ruhe, die verblueffend ist.
Die Kadenzen hatten gewicht, Praegnanz und hoechste Perfektion.
Riesen-Applaus und Wiederholung des Adagios... Helmut
Gaertner.
Mit
Kammerorchester Hannover. Stadthalle Deggendorf / Alemania.
"Muy
buenos descubrimientos"
Santiago/Chile.
Director Orquesta Sinfónica de Chile Carlos
Ramón Dourthé.
Katharina
Paslawski dio el gran golpe maestral al debutar como solista
en Chile. Fue la gran figura central del Concierto para Cello
y Orquesta de Edward Elgar, ofreciendo una entrega cuya excelencia
parecía tenerse muy guardada. En absoluta conjunción
con una orquesta que Dourthé manejó pleno en
virtudes, la Paslawski desplegó todas las bondades
que suelen mostrar los famosos y consagrados. Abiertos le
sean, pues, todos nuestros escenarios para seguir disfrutando
el espléndido arte de esa Polaca instalada en Chile.
Por Mario Córdova.
Debut con la Orquesta Sinfónica
de Chile
Santiago/Chile.
Director Orquesta Sinfónica de Chile Carlos
Ramón Dourthé.
El
notable y significativo Concierto para Violonchelo y Orquesta
en Mi menor Op. 85 de Edward Elgar, (1857- 1934) que siguió
en el programa, no pudo haber encontrado mejor intérprete
que Katarina Paslawski, quien tocando de memoria, impresiona
por su musicalidad, afinación, bello y gran sonido.
De fraseos claros, articulaciones precisas y gran expresividad,
conquistó al público. Para apreciar esta obra
se requiere de una gran intérprete, como lo fue Paslawski.
Es difícil olvidar sus dobles cuerdas, el uso de los
staccatos, así como su seguridad en el "movimiento
perpetuo".
Pero nada de lo anterior se habría logrado de no contar
con la dirección certera de Dourthé, quien con
un dominio total de la obra, recordemos que él también
es chelista, consiguió una notable respuesta de la
Orquesta, que secundó a la solista en esta dramática
elegía, a manera de lamento, que Elgar escribió
al concluir la Primera Guerra Mundial. Orquesta, solista y
director se fundieron en una exquisita versión, que
será recordada por largo tiempo. Notable concierto,
con una solista y un director que merecen estar más
a menudo en el escenario, y que recibieron una larga, agradecida
y justa ovación. Gilberto Ponce.
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